lunes, 19 de abril de 2010

NEOIMPRESIONISMO

Otro paso diferente en la evolución de la pintura desde el Impresionismo es lo que se ha denominado Neoimpresionismo y del que son sus principales valedores Georges Seurat (París 1859- 1891) y su seguidor Paul Signac (París 1863-1935). Coincide con aquélla en su obsesión por representar fielmente la realidad, basándose en la importancia de la luz y el color, pero cambia radicalmente la técnica para llegar a ese fin. Se trata ahora de asociar la ciencia a la forma de pintar, para así disponer los colores racional y no espontáneamente, y por otra parte se trata también de reelaborar mentalmente cada obra en el taller, algo justamente contrario a lo que había defendido con más entusiasmo el grupo impresionista.

Esa técnica científica y novedosa a la que Seurat dedicará toda su vida, es lo que se ha denominado también como Puntillismo o Divisionismo. Su origen se halla en las teorías, al uso en su época, sobre la ley de asociación de los colores de Chevreul o Charles Blanc. El proceso era prolijo y meticuloso y requería una toma de apuntes del natural, al que seguía un concienzudo trabajo en el estudio (auténtico laboratorio experimental) sobre la aplicación de un método de aplicación del color y la luz.

Neoimpresionismo: Características generales

• El neoimpresionismo también es conocido con el nombre de divisionismo y puntillismo. En realidad se trata de un impresionismo radical, en cierta manera disidente, que lleva a las últimas consecuencias las teorías científicas sobre el color y la luz.

• Vuelve a cobrar importancia el dibujo, que se había abandonado a favor de las manchas de color. Las figuras se hacen geométricas. No se mezclan los colores ni en la paleta ni en el cuadro, sino que se aplican unos junto a otros con pinceladas muy cortas: puntos

• Sólo usan los colores primarios y el ojo debe hacer la mezcla.

• En el puntillismo la imagen va a adquirir una identidad desconocida.
• Se encuentra nuevamente la diferencia entre la obra definitiva y el boceto.
• Vuelve a cobrar importancia el dibujo, que se había abandonado a favor de las manchas de color.
• La obra se comienza al aire libre, pero a diferencia del impresionismo se termina en el taller, ya que sus cuadros requieren una larga elaboración, en ocasiones muy compleja, que no se puede hace en un momento.
• Se preocupan por el volumen.
• Las figuras se hacen geométricas.
• Retornan a la ordenación meditada del cuadro.
• La obra resultante suele pecar de rigidez y artificialidad.
• No se mezclan los colores ni en la paleta ni en el cuadro, sino que sus pinceladas se redondearon y redujeron a puntos de color puro, se fragmento la línea.
• Sólo usan los colores primarios y el ojo debe hacer la mezcla. Existe la sensación de que la luz emana de los cuerpos.
• Según los puntillistas las líneas ascendentes, los colores cálidos y los valores claros expresaban alegría.
• Por el contrario las líneas descendentes, los colores fríos y los valores oscuros representaban tristeza.
• Los cuadros puntillistas son un modelo de orden, claridad y planificación cuidadosa. No obstante, las personas aparecen estáticas e inmóviles.
• Los temas elegidos a la hora de pintar eran: puertos, orillas de ríos y escenas circenses.
El neoimpresionismo tuvo una vida corta (1884 a 1891) ya que las obras requerían una paciente elaboración.


El neoimpresionismo significa descomposición prismática de los colores y su mezcla a través del ojo del espectador, a la cual va unido el respeto por las leyes eternas del arte: ritmo, simetría, contraste. Este modo de pintar es la consecuencia necesaria del impresionismo. Así como la técnica de los impresionistas es instintiva y fugaz, en igual medida la de los neoimpresionistas es meditada y constante. Tal como los impresionistas usan en su paleta colores puros, pero bajo ningún concepto admiten una mezcla en la paleta, salvo la mezcla de colores vecinos en el círculo, estos, matizados entre sí, y aclarados con el blanco, engendra la multiplicidad de los colores del prisma y todas sus graduaciones. Merced al empleo de trazos aislados de pincel -cuyo tamaño mantiene una correcta proporción con el tamaño de todo el cuadro-, los colores se mezclan en el ojo del espectador, si éste se coloca a la debida distancia. No hay otro medio para detener satisfactoriamente el juego y el choque de elementos contrastantes: la justa cantidad de rojo, por ejemplo, que se encuentra en la sombre de un verde, o el efecto de una luz naranja sobre un color local azul o bien, a la inversa, el de una sombra azul sobre un color local anaranjado. Si estos elementos se combinan de otra manera, y no por mezcla óptica, lo que se obtiene es un color sucio.

El objeto de la descomposición de los colores es conferir al color el mayor esplendor posible, crear en el ojo -mediante la mezcla de las partículas de color yuxtapuestas- una luz coloreada, el brillo de la luz y los colores de la naturaleza. De esta fuente de toda belleza, tomamos nosotros las partes fundamentales de nuestras obras, pero el artista debe seleccionar esos elementos. Un cuadro de líneas, y colores, compuesto por un artista genuino, representa una plasmación más mediata que la copia de la naturaleza tal y como nos la ofrece la casualidad. La técnica de descomposición de los colores asegura precisamente a la otra, una armonía cabal -divina proportione-, merced a la correcta distribución y exacto equilibrio de aquellos elementos, y según las reglas del efecto de contraste, gradación e irradiación. Los neoimpresionistas aplican estas reglas -que los impresionistas solo observaron aquí y allá y por instinto- en la forma más constante y estricta. Los neoimpresionistas no atribuyen importancia a la forma de la pincelada, puesto que no les sirve como medio expresivo del modelado, del sentimiento o de la imitación de la forma de un objeto. Para ellos, la pincelada no es más que una de las innumerables partes que, en conjunto, componen el cuadro; un elemento que desempeña el mismo papel que la nota en una sinfonía. Sensaciones tristes o jubilosas, estados de ánimo apacible o agitado no se expresan ya a través del virtuosismo de la pincelada, sino mediante la correlación de líneas, colores y tonos. El arte de los coloristas está evidentemente asociado, en cierto sentido, tanto con la matemática como con la música. Frente a una tela todavía intacta, el pintor debería determinar ante todo cuáles son los efectos de líneas y superficies que la cruzan, cuáles los colores y tonos que deberían cubrirla. La descomposición de los colores es un sistema que busca armonía, es más una estética que una técnica.

Los cuadros neoimpresionistas no son estudios ni cuadros de caballete: son ejemplos ge un arte de gran despliegue decorativo, que sacrifica la anécdota a la línea, el análisis a la síntesis, lo fugaz a lo perdurable, y confiere a la naturaleza -tan hastiada ya de que se la reproduzca en forma dudosa- una verdad intangible"

Modo de elaboración:

En primer lugar se pintaba el lienzo en blanco y negro para equilibrar al máximo las masas claras y oscuras. Posteriormente se seguía un proceso minucioso de utilizar los colores según una armonía total de matices intermedios entre unos y otros.

Finalmente se aplicaba el color, pero con una pincelada diferente. Desde el Impresionismo se había insistido en que los colores, que están individualizados en la naturaleza, el pintor los coloca por separado en sus lienzos para que sea la retina del espectador la que los vuelva a mezclar (mezcla óptica). Pero Seurat va más allá, porque al aplicar el color a base de diminutos puntitos, como partículas minúsculas, la luminosidad que alcanza la mezcla óptica en nuestra retina es mucho mayor.

Eso sin contar que esa misma técnica crea unos efectos visuales nuevos y sugerentes y que por otra parte permite recuperar la importancia de la línea sin perjuicio del protagonismo del color. Es como si se quisiera alcanzar la síntesis perfecta entre el clasicismo monumental y la pintura moderna dominada por el color.

En todo caso sus obras carecen lógicamente de la espontaneidad y vivacidad de los impresionistas, pero aportan una imagen nueva y poética, curiosa y extraña del mundo circundante, cuyo estatismo además invita a la serenidad. Además, el carácter icónico de sus figuras, de geométricas volumetrías aparte de resultar muy sugerente se anticipa al concepto del arte contemporáneo.


Una de las primeras obras con la que se da a conoder es su famosa Tarde de domingo en la Grande Jatte (Art. Institute. Chicago. 1884), que hoy nos ocupa y que fue calificada como una “inmensa y detestable pintura, una fantasía egipcia” por el crítico Octave Mirabeau. Prueba de que es una de sus primeras obras es que los colores todavía aparecen mezclados para conseguir los medios tonos y no, como ocurrirá en sus obras posteriores, yuxtapuestos sobre la tela en estado puro, buscando así la plena mezcla óptica del espectador.

Descripción de Tarde de domingo en la Grande Jatte
Seurat pasó dos años pintando el cuadro, concentrándose escrupulosamente en el paisaje del parque. Rehizo varias veces el original y completó numerosos bocetos y esquemas preliminares. Se sentaba a menudo en los jardines y hacía numerosos bocetos de las distintas figuras a fin de perfeccionarlas. Puso especial cuidado en el uso del color, luz y formas. El cuadro tiene aproximadamente 2 x 3 m. Fue expuesto por primera vez en la octava exposición colectiva del grupo impresionista, en 1886.
Basado en el estudio de la teoría óptica del color, contrastó puntos minúsculos de color que, a través de la unificación óptica, forman una figura coherente en el ojo del observador. Creía que esta forma de pintura, conocida luego como puntillismo, haría los colores más brillantes y fuertes que pintados a pinceladas. Para hacer la experiencia aún más realista, rodeó el cuadro con una trama de puntos que a su vez limitó con un marco simple de madera clara. de esta forma se lo exhibe aún en el Instituto de Arte de Chicago.
Para este cuadro Seurat empleó el nuevo pigmento "Amarillo de zinc", más visible en las zonas amarillas iluminadas, pero también en combinación con naranjas y azules. Luego de completada la pintura, el amarillo de zinc se oscureció paulatinamente hasta tonos de marrón, defecto que se apreció ya en vida de Seurat.

Fuente de descripción: http://es.wikipedia.org/wiki/Tarde_de_domingo_en_la_isla_de_la_Grande_Jatte

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